propia fiebre milenarista. Unos se sienten sobrevivientes del Apocalipsis.
A otros, el caso de la secta suicida los coloca en una posición difícil.
OVNILATRIA:
EL FIN DE LA INOCENCIA
Alejandro Agostinelli
"Antes de San Diego, los contactados éramos vistos como loquitos que no le hacíamos mal a nadie. La situación ahora cambió. Algunos se pueden sentir con derecho a perseguirnos. Existe un motivo", reflexionó Cefer ante DESCUBRIR. Cefer es un buscador espiritual que dio la vuelta completa al círculo místico, pasando de los querubines con escafandra del panteón platillista a los ángeles sin sotana. "Nunca me contacté con los que habla Victor Sueiro" -se ataja. Cefer se pone serio, mira a ambos lados y dice en un susurro: "Después de esto, todos desconfían. Yo mismo desconfío". La razón por la cual no da su nombre ni está su foto se encuentra en el mismo comentario.
El manto de sospecha, ahora, era color púrpura, como la mortaja con que cubrieron sus cuerpos los 39 viajeros de Puerta del Cielo. Salvo algunos audaces, pocos líderes del movimiento contactista se atrevieron a reivindicar en público creencias que hasta no hace tanto difundían en conferencias, boletines, y programas de TV. La ufología religiosa no sólo cree en la salvación alienígena, en el inminente cumplimiento de las profecías apocalípticas y en la existencia de un "plan de rescate" para un selecto número de elegidos.
En la Argentina, los contactados nativos ya habían vivído un alucinante brote de esperanza, histeria y confusión milenarista entre 1986 y 1992. Por entonces, hubo que lamentar alguna desgracia aislada como consecuencia de una sobredosis de pesimismo o luego de la desoladora comprobación de que los E.T. no cumplieron con la palabra empeñada. Pero la mayoría sobrevivió.
¿PERSUACIÓN O CONVICCION? Esta vez, lo que marcó la diferencia es que el grupo de Marshall "Do" Applewhite -líder de Puerta del Cielo- dio un paso más allá: decidieron adelantar los tiempos del fin tras considerar que había llegado el momento de "abandonar el vehículo (el cuerpo) para entrar al Próximo Nivel". Para algunos, bastaba esa afirmación para demostrar que "Applewhite se había vuelto loco" (imagen a la que contribuyó la foto escaneada del video donde aparece con los ojos desorbitados), y que sus seguidores fueron pobres víctimas a quienes les lavó el cerebro. "La hipótesis del lavado de cerebro, como la de persuación coercitiva o control mental -advierte el sociólogo e investigador del Conicet, Alejandro Frigerio- es una metáfora que no explica las muchas y diferentes razones por las cuales la gente decide comprometerse con un grupo, sea o no religioso".
Por lo que hasta ahora se sabe, sus seguidores tomaron esta trágica decisión cuando el carismático "Do" concluyó que el grupo había madurado, más la coincidencia de otros factores, tales como la reclusión voluntaria (el "mundo externo" era hostil a sus ideas), la discriminación ideológica (sus teorías bizarras eran fuente de rechazo), una amenaza social latente (el antecedente de Waco, donde se opuso la fuerza de las armas a reclamos teológicos), una interpretación inequívoca de pretendidas señales proféticas (la imaginaria presencia de un Ovni detrás de la cola del cometa Hale-Bopp) y un mandato doctrinario irrevocable: los adeptos se creían una tripulación; y en su infinita, pasmosa ingenuidad, simplemente consideraron que había llegado el tiempo de embarcar.
Cuando los conversos a una religión minoritaria toman, o son llevados a tomar, una decisión extrema, es inevitable que le suceda cierto clima de incertidumbre. Por una vez, la inquietud parecía justificada: los casos anteriores (como los suicidios colectivos del Templo del Pueblo, en Guyana, o los de la Orden del Templo Solar, en Suiza y Canadá), eran movimientos casi desconocidos por periodístas, académicos y grupos laicos o religiosos que se oponen a las sectas.
Puerta del Cielo, en cambio, era un grupo muy conocido por los científicos sociales, tanto que se convirtió en el caso paradigmático citado por los especialistas contrarios a las ideas de conversión repentina y lavado de cerebro.
Robert W. Balch y David Taylor, sociólogos de la Universidad de Montana, ingresaron al grupo en 1975, el mismo año en que sus líderes -por entonces conocidos como Los Dos, o Bo y Peep- aparecieron en la prensa a raíz de que 20 personas se unieron a aquella extraña pareja que prometía alcanzar la vida eterna en el espacio exterior. "Sólo escapando de la atmósfera del planeta, envenenada espiritualmente, los humanos podrán romper el ciclo sin fin de muerte y reencarnación a la que está condenada la existencia humana". En 1977 describieron el mismo sistema de creencias que el grupo mantuvo hasta el final. Nada de lo cual sirvió para prever que los adeptos iban a llegar tan lejos.
Los estudiosos observaron que los cambios más radicales en la conducta de los miembros -tales como desprenderse de sus posesiones y abrazar con entusiasmo las creencias del grupo- habían ocurrido antes de que decidieran integrarse. Además, los adherentes mostraban hacia afuera una convicción militante que no se reflejaba por dentro: pasaban gran parte de su rutina peleando con sus dudas, vacilando sobre si les convenía quedarse o irse del grupo. Pero esa descripción, descubrieron luego, sólo enfocaba el proceso de reclutamiento, y no lo que sucedió después con la minoría que decidió quedarse. "El compromiso genuino no se desarrolló sino hasta que Bo y Peep introdujeron procesos de influencia social tales como la regimentación de la vida diaria, y el uso de ejercicios mentales para eliminar el pensamiento independiente", escribe Balch en una monografía incluida en The Gods Have Landed (Los dioses han aterrizado, J. Lewis ed. 1995), hoy devenida en la biografía sociológica más precisa del grupo antes del suspiro final.
LUZ Y SOMBRA. En un principio, Balch pensó en proponer a Bo y Peep "documentar sus últimos días en el planeta". Pero más tarde decidió que debían infiltrar el grupo. "Estaban obsesionados con los espíritus, o las ataduras a nivel humano que tomaban la forma de dudas, deseos, viejos hábitos y recuerdos de amigos y parientes que habían quedado atrás" -escribe. "Sólo cuando estas influencias hubieran sido vencidas, serían aptos para entrar la Próximo Reino. Bo y Peep habían creado un entorno encapsulado donde los extraños no eran bienvenidos".
El único culto platillista argentino que llegó a las primeras planas fue el Lineamiento Universal Superior (LUS), en julio de 1992. Todo paralelismo de la dinámica interna del LUS con la de Puerta del Cielo se limita a los lapsos en que aquellos vivieron en comunidad o mantuvieron una intensa actividad previa a las cambiantes fechas del fin de los tiempos, en las que los elegidos también iban a ser rescatados por un ovni. Nació en mayo de 1981, cuando el platense Roberto Olivera comenzó a canalizar mensajes de individualidades cósmicas destinadas a su mujer, la brasileña Valentina de Andrade, convertida en "enviada por el auténtico Padre Universal". Las otras religiones -creían- "responden al mismo dios nefasto que gobierna este sistema solar". Así, el mundo se dividió en zuitas (enviados de la Luz) y nefastos (enemigos de la Luz). Durante los períodos de mayor compromiso, la vida de los miembros estaba muy regimentada: se proponían juegos psicológicos para "descontaminar las energías", usaban técnicas para "romper los pactos energéticos", y otras directivas para poner a prueba su disciplina, lealtad y entrega.
Hoy permanece activo un pequeño núcleo. En 14 años el LUS pasó por muchos cambios. Las últimas descripciones fiables se remontan a 1992, año en que el grupo se refugió en un inviolable ostracismo. No era para menos: ese año, la policía brasileña relacionó a Valentina y a su pareja de entonces, José Teruggi, con la desaparición de un niño en el sur del Brasil. De Andrade creía que los niños menores de 12 años estaban "poseídos por energías nefastas". El antecedente legitimó la acusación. Poco después, la Justicia los declaró inocentes. Según algunos, la falsa imputación renovó el fervor de los adeptos más convencidos de que Valentina era quien decía ser, esto es, la encarnación de María Magdalena. Otros desertaron asustados, más por pertenecer a un grupo cuestionado que por haber renunciado a sus creencias. Y la persecusión consolidó entre los adeptos la impresión de que Valentina había sido crucificada a instancias de "los nefastos".
Cuando se prendió la alarma del LUS, el entusiasmo contactista, que floreció entre 1986 y mediados de 1992, entró en un cono de sombra. El clima de sospecha introdujo un nuevo vector dentro del conjunto de creencias más bien conspiranoicas del platillismo religioso: si ellos realmente tenían que cumplir una misión, los detractores confirmaban que su camino era el verdadero.
Por entonces, el mensaje E.T. de moda coincidía en vaticinar que el Hercólubus, un cuerpo celeste tan imaginario como el ovni que escoltaba al cometa Hale-Bopp, iba a acabar con la vida en la Tierra. Para muchos, el puerto de embarque era el cerro Uritorco, en Capilla del Monte, Córdoba. Rubén Garibotti (41), ex integrante de otra avanzada contactista que viajó a Capilla para fundar una comunidad, recordó así el planteo que le hizo a la canalizadora del grupo: "Un día me enojé y dije: Si encarné en el planeta Tierra, tengo que dejar el pellejo acá. ¿A dónde ir? ¿La gente va estar tirada en la calle, llorando, sin entender qué pasa? ¿Nos vamos a ir todos al carajo en una nave, a un planeta maravilloso? Y acá ¿quién se va a quedar?". Pero la profecía fracasó. "La desilusión fue tal que nuestra guía se enfermó. Tuvo una infección estomacal, se quiso curar siguiendo una estricta dieta macrobiótica y luego murió de hepatitis", evoca con tristeza.
EL ANTIDOTO ARGENTINO. Así finalizó la temporada en que estuvimos en peligro. Unos, como muchos ex adeptos del LUS, emigraron a grupos de signo opuesto. Garibotti y sus compañeros aprendieron que las respuestas están en cada uno, y no fuera del planeta. Otros cambiaron de rubro esotérico o se convirtieron en conferencistas profesionales, más apurados en pagar las cuentas que en propagar la buena nueva. Todos, eso sí, parecen haber sacado buen provecho de la experiencia. Incluidos los comandantes alienígenas, cuyos mensajes comenzaron a apartarse de los malos augurios para retornar a un espíritu ecuménico, más new age, promoviendo ceremonias de meditación por la paz, actividades solidarias o de defensa del medioambiente.
En la Argentina, los desertores del Apocalipsis sobrevivieron para contar el cuento. Pero esto no significa que no subsistan cultos que prediquen el famoso Plan de Evacuación cerca de los llamados centros energéticos, alejándose de la sociedad para construir realidades paralelas que pueden tener su riesgo.
El suicidio platillista de San Diego -opinan los especialistas- influirá más como aversivo que como preludio de una reacción en cadena. Para el sociólogo Frigerio, la idiosincrasia argentina juega a favor: "En los Estados Unidos, la gente que estudia o trabaja suele vivir lejos de su lugar de origen, lo que no les permite mantener un vínculo estrecho con familiares y amigos. Nosotros, en cambio, somos más familieros. Esto funcionaría como un antídoto cultural que tiende a impedir el desarrollo de grupos que sugieran cortar los lazos afectivos".
La mentalidad apocalíptica, en tanto misión para promover cambios sociales, conduce al fanatismo cuando unos se lo toman al pie de la letra y otros la combaten como si -en vez de una expresión de la religiosidad de fin de siglo- fuera un síntoma de locura organizada. Comprender el fenómeno como una metáfora de este tiempo vertiginoso acaso sea una señal de madurez.
Cefer -el contactado a quien no le simpatizan los ángeles con sotana- también cree en los extraterrestres. Es más, él cree que todos somos extraterrestres. Por lo mismo apuesta a la responsabilidad del hombre que cree: "San Diego marca el fin de la inocencia". Y aclara: "El Infierno no sólo existe: se construye. Y el Paraíso... bueno, el Paraíso siempre puede esperar".
FUGITIVOS DEL APOCALIPSIS
"Es un signo de los tiempos. Esto nace del descrédito de la gente, que no encuentra respuestas y busca ídolos con pies de barro", opina sobre el suicidio en masa Rafael Santamarta, integrante de la filial local de la Asociación del Cielo a la Tierra, seguidores del contactado Giorgio Bongiovanni. El grupo que sigue al estigmatizado de Fátima -que previó el fin del mundo para agosto de 1991- es uno de los 400 grupos de contacto ovni censados en la Argentina desde 1952. El vaticinió no se cumplió, pero en esa fecha a Giorgio le brotaron dos nuevos estigmas en los pies.
Sergio de los Santos, ex cameraman de Canal 9, ex marido de Estela Molly y ex predicador apocalíptico, lideró Bienaventuranza Cósmica. "Vayan juntando mantas, una garrafa, miel, chocolate y velas Ranchera, que son las más baratas. Las naves que van a bajar, comparadas con las de Spielberg, van a ser exploradoras. De una forma calma, pero progresiva, vayan comprando". Así preparaba a sus seguidores en enero de 1992. "Justicia es Plan de Evacuación: sacar a los hermanos que hayan amado más. Y los otros tendrán que ir a Hercólubus a repetir de grado".
Francisco Checchi lidera el Grupo Alfa, con más de 150 socios. "Puerta del Cielo -asegura- estaba influído por los Grises, seres que trabajan para la confusión, como los que se contacta Valentina de Andrade". Rechaza la evacuación a la Applewhite porque "el suicida pasa a planos de sufrimiento atroz".
La popularidad de los cultos alien no es sorprendente: una encuesta realizada en 1994 arrojó que el 20 por ciento de los bonaerenses cree que "los E.T. influyen en nuestra vida". Para el 50 por ciento de los norteamericanos, los Ovnis son reales y el gobierno silencia la verdad. Otro 20 por ciento, en tanto, cree que la Segunda Venida de Cristo es inminente.
Cinco señales de alerta
"Es cierto que existen situaciones potencialmente peligrosas en algunos cultos", advierte la socióloga Eileen Barker, presidente de Inform, una prestigiosa red de información dedicada a los movimientos religiosos alternativos, en su libro News Religious Movements: a practical introduction. Si bien aclara que los problemas serios se circunscriben a una minoría de casos, recomienda abrir un canal de diálogo y afianzar vínculos afectivos con los devotos comprometidos en grupos donde se cumplan al menos 3 (tres) de estas condiciones:
1) Un movimiento aislado social o geográficamente del resto de la sociedad,
2) Un movimiento con fronteras abruptas e inegociables entre "ellos" y "nosotros" (los buenos y los malos),
3) cuando los líderes reivindiquen una autoridad divina para sus acciones o pedidos,
4) cuando el converso dependa cada vez más del movimiento para definiciones y pruebas de lo que sería "la realidad", y
5) cuando sean otros los que establezcan decisiones importantes sobre la vida del converso.